Esplendor En La Hierba (Splendor in the Grass, Elia Kazan, 1961)

30 comentarios  


“Pues aunque el resplandor que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas,
aunque nada pueda hacer volver la hora
del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos, pues encontraremos
fuerza en el recuerdo
en aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez, habrá de ser por siempre,
en los consoladores pensamientos que brotaron
del humano sufrimiento
y en la fe que mira a través de la muerte,
y en los años, que traen consigo la filosófica mente”


William Wordsworth


¿Todavía le quieres? Le pregunta, y ella guarda silencio mientras esboza una tímida sonrisa, y sonríe porque ahora conoce el secreto que guardó en sus palabras el poeta. Porque sus ojos vieron ese puro destello, que en su juventud la deslumbraba, porque disfrutó la hora del esplendor en la hierba, de la gloria en las flores, porque se afligió y padeció del humano sufrimiento, porque ahora sabe que la belleza subsiste en el recuerdo…
Posiblemente el final de “Esplendor en la hierba” sea uno de los finales más tristes de la historia del cine. Seguramente a muchos se les ocurran otros, pero para mí, ninguno se compara a la tristeza de éste por verdadera. La resignación en la renuncia, aceptar que la vida es tomar las cosas como vienen, renunciar a soñar, no pensar en la felicidad porque pasó su tiempo…
Un niño que pudo ser su niño, pero no lo es, una vida que pudo ser su vida, pero no lo es, el amor como centro y como todo que nunca más volverá a ser…

Tiene el amor romántico la fragilidad de lo efímero, nace herido de muerte en su misma esencia, abocado a un final trágico, por eso se refugia lejos, donde la realidad ni siquiera puede rozarlo, en el mundo de lo idealizado, donde residen los sueños, donde los sentimientos siempre son elevados, donde su intensidad, esa que provoca felicidad que duele, no pueda hacernos daño.
Existe todavía el amor romántico, en cada historia de amor que nace, muriendo tras cada desengaño.

“Esplendor en la hierba” nos envuelve con la magia de la poesía, el lirismo que sólo se puede conseguir con la sensibilidad de quién abraza el mundo de los sentimientos. Me sigue fascinando, cada vez que la veo, la capacidad de extraer la esencia de unos versos y convertirla en historia, la capacidad de convertir una sucesión de fotogramas en poesía.


Con guión de William Inge, cuya sensibilidad quedó reflejada en cada uno de sus trabajos, y dirección de Elia Kazan, ese hombre cuestionado y cuestionable, incuestionable director, basada en los versos de William Wordsworth, “Esplendor en la hierba” es un canto al amor romántico, al amor cuando la vida todavía no nos arrebató la capacidad de soñar, de sentir sin miedo a equivocarse, de entregarse a las pasiones sin calcular el riesgo…
Mención especial para William Inge, al que la Academia concedió un Oscar por el guión, contando en su haber con números guiones de renombre y el premio Pulitzer.
Es siempre peligrosa la combinación de elevada sensibilidad y talento, más cuando se suma la inteligencia, haciendo tomar conciencia de lo absurdo del mundo. William fue uno más de la larga lista de los que decidieron abandonar el mundo por voluntad propia.

“Gatsby fue el último romántico”, escribió F. Scott Fitzgerald, no es cierto, tengo el privilegio y la fortuna de haber conocido al último romántico, y la belleza siempre perdurará en mi recuerdo…

A los románticos del XIX, a los del XX y a los del XXI, porque su visión de la vida hace que el mundo, mi mundo, sea un lugar mejor.

Edgar Degas

20 comentarios  

Blue Dancers, c.1899

“El eterno femenino nos impulsa hacia arriba.”
Johann Wolfgang von Goethe


“El eterno femenino" de Goethe ha sido interpretado como la idea de belleza que está en todas las mujeres, como lo verdaderamente femenil, el principio del amor y de la gracia en su más cumplida integridad, puente y guía hacia lo Divino, como la esencial e irrenunciable feminidad”

Siempre he relacionado la figura de las bailarinas con “el eterno femenino” de Goethe, representación de la feminidad en su sentido poético, y creo que Degas ha sido el que mejor ha captado esa idea.

Y fuera de interpretaciones poético-filosóficas, los cuadros de Degas dedicados al ballet transmiten, pincelada a pincelada, la sutileza y sensibilidad que el ballet representa, a través de sus bailarinas al pastel.

En este cuadro aparece la dirección desde la que podéis acceder a la obra de Degas, os recomiendo la página, un lujazo para los amantes de este pintor.

The Star, c.1878

Leaving Las Vegas ( Mike Figgis, 1995 )

30 comentarios  


“Sabes que soy un borracho y yo sé que eres una prostituta. Quiero que sepas que soy una persona a la que eso no le disgusta, lo cual no significa en modo alguno indiferencia, no es eso, es que confío en ti y te acepto como eres.”

Encontrar a una persona a la que querer y que te quiera, a la que necesites y que te necesite, que te acepte como eres. Posiblemente uno de los elementos fundamentales para conseguir atrapar esa escurridiza palabra llamada felicidad.
Y ellos dos lo tienen, se tienen el uno al otro, se quieren, se necesitan y se aceptan, sin intentar cambiar al otro. Pero… Siempre hay un pero en eso de la felicidad. Las cosas nunca son tan fáciles como pronunciar unas palabras en las que se cree cuando se dicen pero que las circunstancias acaban volviendo en nuestra contra.

Y en los breves momentos de lucidez dentro del delirio permanente en el que ha convertido su vida la imagen de ella con otro despertará esa mente aturdida por el alcohol de su letargo para golpear duro en el mismo lugar donde otros golpes antes ya habían dejado su huella, y sentirá un dolor demasiado parecido a aquel otro dolor que le persigue y le llevó a convertir sus recuerdos en cenizas y a emprender un viaje sin retorno a Las Vegas.

Y ella le hará un regalo que sólo un amor incondicional podría hacerle, pero descubrirá que en el amor el sufrimiento del otro duele más que el propio sufrimiento. Y su extraordinaria fortaleza, esa que la ha llevado a no dejarse vencer a pesar de humillaciones y vejaciones de quienes creen que pagar por un cuerpo es comprar su dignidad, se quebrará como aquella mesa de cristal cuyos pedazos la devolvieron a la realidad despertándola de la ilusión de un sueño. Y comprenderá que no es posible asistir como impasible espectadora a la autodestrucción agónica y degradante de la persona a la que se ama, y deseará que no beba, y en su intento inútil por ayudarle descubrirá que ni siquiera el amor sirve para salvar a alguien que no quiere ser salvado….

El problema no es que ella sea prostituta, ni que él sea un borracho. El problema no es que en esta ocasión el amor no basta. El problema es la vida, que a veces es muy puta, y cruzó sus caminos demasiado tarde, cuando él ya había decidido ir a morir a Las Vegas…


Basada en la novela autobiográfica de John O’Brien, “Leaving Las Vegas” es de esas películas que te hacen sentir un pellizco en el estómago y te dejan con el regusto amargo de haber asistido a una historia de amor que en realidad nunca tuvo opción de serlo, a una oportunidad de felicidad perdida…
John O’Brien nunca vio la película, se suicidó en Abril de 1994.

Sugerente, envolvente, enternecedora, conmovedora, por momentos agridulce, mención especial para la magnífica banda sonora.

El Ruido y la Furia de William Faulkner

19 comentarios  


“La armonía en el caos”, esa sería mi definición de “El Ruido y la Furia”, un libro creado de pensamientos, transcripciones de palabras pensadas, nunca pronunciadas, materializadas gracias a la pluma del escritor.
Personajes que piensan, sienten, reflexionan… De pensamientos a recuerdos, de recuerdos a reflexiones… Tal vez para algunos un discurso de pensamiento difícil de seguir, pero para mí tan familiar como el reflejo de mi cara en un espejo.

Inspirado en un verso de “Macbeth” de Shakespeare (el discurso de un idiota) “El Ruido y la Furia” puede resultar un libro difícil de leer si nos acercamos a él con la mentalidad con la que leemos cualquier libro al uso, es por eso que en este caso más que en ningún otro creo importante, sino vital, hacerse con una edición con un buen prólogo, que nos de las claves de su estructura antes de empezar a leer. (Soy una ferviente defensora de los prólogos, esa parte de los libros sumamente interesante la mayoría de las veces y que casi todo el mundo se salta).

Un retrasado, un suicida enamorado platónicamente de su hermana, una hermana díscola con ganas de escapar, un hermano tirano y egoísta, una madre chantajista emocional, una familia de negros que cuidan de esa familia que no es la suya como si fuera la suya, o aún más que a la suya propia… Todos estos personajes irán apareciendo.
A la mayoría los conoceremos desde su interior, desde las cosas que no dicen. A otros desde lo que sí dicen pero sus actos contradice.
Un collage fascinante, una lectura que atrapa.

Con “El Ruido y la Furia” de William Faulkner me pasó algo que sólo me ha pasado con “La Montaña Mágica” de Thomas Mann, ese sentimiento de estar frente a alguien que te comprende. No tiene que ver con algo a nivel intelectual, ni siquiera espiritual, tiene más que ver con ese instinto que hace que un animal reconozca a otro de su misma especie. Y ese sentimiento se afianzó a medida que iba leyendo el libro, sobretodo al ir descubriendo el trato que Faulkner daba a los personajes, los más nobles tienen ese pensamiento en apariencia divagante, mientras que los más mezquinos y ruines tienen un pensamiento más lineal y aparentemente coherente. Fue como sí Faulkner, desde donde quiera que esté hiciera un guiño cómplice a través de su libro.
Sí William, capté el mensaje.

Gertrud (Carl Theodor Dreyer, 1964)

28 comentarios  


He sufrido mucho y he cometido muchos errores, pero he amado.

En primavera habrá anémonas, si pasas por allí alguna vez, coge una anémona y piensa en mí, piensa que es una palabra de amor que ha sido pensada pero no pronunciada.

La genialidad construye realidades evocando sentimientos convertidos en tonalidades. Tonalidades de grises que aparecen en la pantalla reflejo de sentimientos adormecidos, de pasiones dormidas, tal vez porque nunca despertaron...
Un paisaje de claroscuros, de luces y sombras, de estatismo pretendido, de gestos pausados, de un hablar sin mirarse, de miradas perdidas en la búsqueda de aquello que sólo se reconoce cuando se encuentra.

No hay mucho espacio para la luz en sus vidas, sólo instantes de claridad en una mirada. La mirada de una mujer que se sabe prisionera de unos sentimientos que son sólo sombras. Y esa mirada perdida, descubre aquello que anhela, aquello que ni siquiera sabía que era lo que andaba buscando.
Y cuando el amor aparece, la luz inunda la pantalla, y es entonces cuando ella mira a los ojos, porque ella se ve en su mirada.

Y para ella el desamor no es derrota, no hay derrota en haber amado. Es ese amor, luz en un universo de sombras, el que le muestra el camino de los lugares soñados, donde los sentimientos no duermen, donde las pasiones mueren porque antes vivieron, donde los silencios son poesía, porque son el lenguaje del alma.
Y ese amor que muere casi antes de haber nacido es su fuerza, que cual espada del guerrero, blandirá para vencer a sus fantasmas, fantasmas del pasado que la acosan, la persiguen, intentan retenerla. Pero no se puede retener con sentimientos tibios a alguien que conoció el amor, eternidad del instante convertido en infinito.

Eligió la soledad, no es cierto. Eligió el camino de buscar en su interior para encontrarse, de descubrirse y reconocerse más allá de otras miradas, en su propia mirada.

Es Gertrud, la mujer del "amor omnia"... El amor lo es todo...
Porque conoció el amor, renunció a la vida entre sombras. Porque fue en el amor donde descubrió su propia luz, esa que todos tenemos pero sólo algunos encuentran.

Sólo la sensibilidad de un genio, Dreyer, puede conseguir, con un juego de luces y sombras, retratar un alma...

Gertrud, retrato del alma de una mujer.