LA STRADA ( Federico Fellini, 1954 )


Gelsomina, la inocencia, la ausencia de maldad, el asombro, la capacidad de fascinación ante lo nuevo y desconocido, cuando para ella todo es nuevo y desconocido....

Zampanò, el egoísmo, la crueldad, la brutalidad de una vida que enseña a golpes, no sólo físicos, sino del alma, tal vez los que a ella más le duelen....

Y Gelsomina anda buscando aquello a lo que tantos genios intentaron encontrar respuesta, el sentido de la vida.... el sentido de su vida, su lugar en el mundo....
Tal vez sea amor.... O tal vez sea porque si ella no se queda a su lado, ¿quién lo hará? O tal vez sea porque descubrió el sentido de la vida en una piedra, esa piedra que está ahí por algún motivo, y posiblemente será descubierta por alguien al darle un puntapié....

Gelsomina, Gelsomina….. Monostatos, Papageno..... Papagena.... Una flauta mágica.... La trompeta mágica….

Porque cuando Gelsomina toca, la trompeta llora, llora notas que son lágrimas, como lágrimas dibuja en su rostro, para hacer reír a los demás.... Y esa melodía mágica envuelve, conmueve, sobrecoge, y a él lo arrastra, lo empuja a averiguar, cuando lo único que pretendía era olvidar....

Gelsomina, Gelsomina, ya no está Gelsomina.... Frente al mar, ese mar que vio contigo por última vez, te das cuenta, estás solo.... solo, solo....

La Strada, Opera Buffa sobre pentagrama de tragedia.

Aria de la Reina de la Noche (La Flauta Mágica, Mozart)


Mi primer contacto con la Opera fue a través del “Aria de la Reina de la Noche” de “La Flauta Mágica” de Mozart.
Fue amor a primera “escucha”, me enamoré del Aria, me enamoré de “La Flauta Mágica”, y me enamoré de Mozart.

“La Flauta Mágica” sería el equivalente de la “Opera Buffa”, en alemán “Singspiel”.
No deja de fascinarme la genialidad del genio, una obra, creada con el fin de solventar problemas económicos propios y ajenos, en un subgénero supuestamente “menor”, contrapunto de la "Opera Seria", a través de su genialidad y creatividad se convierte en una de las grandes Operas de todos los tiempos…

Un prodigio de Aria de coloratura, y un derroche de exhibición vocal.



Paradojas de la vida, algún publicista “lumbreras” decidió convertirla en banda sonora de spot de preservativos. Y digo paradojas porque, una de las “supuestas” causas de la muerte de Mozart que se barajan, es precisamente la sífilis.
Auque últimamente parece que cobra más fuerza la idea de una enfermedad reumática.

Cría Cuervos ( Carlos Saura, 1975 )


“Hoy en mi ventana brilla el sol, y el corazón, se pone triste contemplando la ciudad, por qué te vas”

Era un tiempo de faldas de tablas a cuadros, de calcetines hasta las rodillas, de juegos en el jardín, de refugios en el fondo de una piscina, de carmín en los labios y teatrillo de realidad en pequeño, con mamá, papá, criada y diálogos hirientes que se vuelven grotescos en la voz de unas niñas…
La infancia, toda una vida en el camino de la vida… Demasiado pronto para descubrir que la verdadera realidad de la vida es la muerte. Un tiempo en que la muerte es sinónimo de abandono y el por qué te vas nunca encuentra respuesta…

Demasiadas peleas, demasiado dolor, demasiado sufrimiento, demasiada cercanía con la muerte… Demasiada realidad para una niña que aprende a vivir demasiado rápido, obligada a crecer demasiado deprisa…
Pero la infancia se defiende de la vida, que pretende hacerla crecer a destiempo, a golpe de pérdida, dolor y sufrimiento.
La imaginación, verdadera realidad de la infancia, será su defensa. La que convierte en posible cualquier realidad imaginada, la que transforma en realidad cualquier recuerdo… Y entonces puede subir a una azotea, y lanzarse al vacío y volar por encima de los tejados; y volver a sentir los cálidos besos de su madre mientras la peina; y escuchar su voz mientras le cuenta un cuento; y disfrutar de nuevo del sonido del piano mientras toca esa canción que le gusta, sí esa…

Fue la infancia de Ana una infancia triste. Y en esa mezcla perversa de infancia y muerte Ana creará un vínculo con ella. Ya no será una amenaza, más bien al contrario. Pasará de enemiga que le arrebata a su madre a aliada para eliminar de su mundo cualquier elemento que perturbe esa realidad propia creada de recuerdos y deseos.

“Bajo la penumbra de un farol, se dormirán, todas las cosas que quedaron por decir, se dormirán…”

Que se muera. Que se muera. Quiero que se muera.


Cuentan quiénes saben de esto del cine que Saura escribió el guión de “Cría Cuervos” pensando en Ana Torrent, tras haberla visto en “El espíritu de la colmena” de Víctor Erice.
Y es que, “Cría cuervos” es Ana Torrent. Sin intención de desmerecer las actuaciones del resto del reparto, la actuación de Ana Torrent en esta película, con tan sólo 9 años, es para quitarse el sombrero. Su mirada, con esos inmensos ojos oscuros, traspasa la pantalla hasta llegar directamente al alma, consiguiendo lo que sólo está al alcance de algunos privilegiados, hablar al espectador sin palabras.

De la ternura al estremecimiento, impresionante Ana Torrent

Edgar Degas

Blue Dancers, c.1899

“El eterno femenino nos impulsa hacia arriba.”
Johann Wolfgang von Goethe


“El eterno femenino" de Goethe ha sido interpretado como la idea de belleza que está en todas las mujeres, como lo verdaderamente femenil, el principio del amor y de la gracia en su más cumplida integridad, puente y guía hacia lo Divino, como la esencial e irrenunciable feminidad”

Siempre he relacionado la figura de las bailarinas con “el eterno femenino” de Goethe, representación de la feminidad en su sentido poético, y creo que Degas ha sido el que mejor ha captado esa idea.

Y fuera de interpretaciones poético-filosóficas, los cuadros de Degas dedicados al ballet transmiten, pincelada a pincelada, la sutileza y sensibilidad que el ballet representa, a través de sus bailarinas al pastel.

En este cuadro aparece la dirección desde la que podéis acceder a la obra de Degas, os recomiendo la página, un lujazo para los amantes de este pintor.

The Star, c.1878

Dolls ( Takeshi Kitano, 2002 )


Rosa, magenta, escarlata, carmesí, carmín, granate….. Rojo…..

Un cordón rojo deslizándose por un camino; sobre la nieve, en plena noche, en un rojo sobre blanco perfecto; en el borde de un acantilado, el acantilado de cualquier vida, tal vez el de sus propias vidas; a través de un bosque, paleta de tonalidades, del marrón al rojo. …..
Un cordón que les une en la sinrazón, porque era la razón la que les separaba.... Sinrazón, locura, acaso la definición del amor....
Rojo, color de las pasiones, que lo invade todo, gritándole a nuestros sentidos lo que ellos callan …
Y ángeles de alas azules, pequeños querubines...
Y quimonos, atuendo perfecto para dos locos enamorados que pasean mientras todos miran, y nadie entiende….

Y están las rosas, de nuevo la paleta de colores….
Pero él ya no puede ver los colores, no quiso volver a ver nada cuando pensó que jamás volvería a verla a ella. Y está el aroma de las rosas. Y ella le lleva hasta allí, y le cuenta que los rosales florecieron, y por un segundo, él puede ver esas flores, porque ella es su mirada.

Y la mujer que espera, que espera una ilusión que sabe perdida… Pero ella es firme, con la firmeza de las mujeres que heredaron la fuerza de una cultura milenaria, y se aferra a la esperanza…. O tal vez se le hizo costumbre… Y vuelve a su cita acordada….
Y de nuevo todos miran, y no comprenden nada....
Y la ilusión se hace realidad por un instante, y el instante se desvanece, y de nuevo ella seguirá esperando.…

Y el mar...

Y al final, un amanecer, que nos muestra dos marionetas, unidas por fin para siempre. Y nos recuerda que, tal vez, en el fondo, todos somos un poco marionetas, marionetas en manos de un destino que mueve los hilos a su antojo, tal vez unos hilos de color... de color rojo....

No se puede pensar mientras la estás viendo…. No puedes pensar, el corazón no te deja, sólo late, late, late.... Pero luego sólo piensas, piensas, piensas....

“Dolls”, o cuando la belleza sustituye a la palabra.

¿Quien Teme a Virginia Woolf? (Who's Afraid of Virginia Woolf?, Mike Nichols, 1966)


Noche de sábado, los acordes de una guitarra acompañan los pasos de una pareja madura en su regreso al hogar. La escena, con la Luna llena como testigo, adquiere un halo de melancolía mezclada con cierta nostalgia, y entonces, la pareja llega a casa, hogar dulce hogar.
“Menuda pocilga” dice Martha, y se rompió el encanto. Su tono desagradable, sus gestos vulgares, el desorden, la suciedad, el caos que los envuelve es sólo el preludio de un desorden y caos más profundo, de una suciedad de esa que envilece por dentro.
Insultos, vejaciones, violencia verbal y física, juegos macabros, crueldad gratuita, por el simple placer de ver sufrir al otro, manipulación emocional…. y alcohol, anestésico de almas atormentadas, aunque hace tiempo que descubrieron que para ese tipo de tormentos es una inútil anestesia…

“Mierdecilla, hijo de puta, cabrón...” “Malcriada, borracha, monstruo…”Lo peor no es lo que se dicen, es todo aquello que no se dicen, silencios que se ocultan tras insultos y desprecios mutuos, intentos banales de enmascarar una realidad que convierte su vida en común en unión de soledades, de vacíos interiores que se alimentan con el sufrimiento compartido, de reproches que se lanzan contra el otro en forma de agresión innecesaria y a la vez tan necesaria para sentir que aún siguen teniendo una razón para continuar recorriendo juntos su camino en dirección a ninguna parte.
Es demasiado duro mirarse en el otro cuando no se soporta la visión de la propia imagen frente al espejo, cuando cada arruga refleja un fracaso, cuando el brillo perdido en la mirada nos recuerda la pérdida de otro brillo, el de los sueños compartidos que se desvanecieron, cuando el asco y el desprecio por uno mismo ahoga cualquier resquicio de anteriores sentimientos… Sí, duele demasiado mirar al otro y reconocerse en su derrota, descubrir que en realidad es sólo un reflejo de nuestro propio fracaso.
Por eso aprendieron a arrastrar al otro en su propia angustia, a envolverlo en su amargura, a convertir la infelicidad en su lugar común de encuentro…
George y Martha, Martha y George, triste, triste, triste…


“Quién teme a Virginia Woolf” es una película psicológicamente agotadora, emocionalmente asfixiante, un retrato feroz de la decadencia y degradación de un matrimonio, que instalado en sus propias frustraciones hace de la destrucción propia y ajena su modo de sobrevivir al desprecio que sienten por ellos mismos, arrastrando en esa vorágine destructiva de crueldad gratuita y despiadada a quien se cruce en su camino. Pero, a pesar de los sentimientos negativos que la pareja provoca, sentiremos la necesidad de seguir la historia, de completar ese puzzle, cuyas piezas de aristas cortantes hieren, para intentar comprender la sinrazón de sus actos, encontrar algún sentido.
Y el desprecio por esos personajes, que parecen regodearse en las miserias propias y ajenas, se irá tornando compasión y lastima, por el pusilánime y manipulador George, y por la dominante y vulgar Martha.
George y Martha, Martha y George, triste, triste, triste.


“Quién teme a Virginia Woolf”, obra teatral de Edward Albee, generó cierta controversia tras su estreno en Broadway, no sólo por el lenguaje utilizado por el personaje de Martha, sino por la “cuestionable moralidad” de la obra para algunos críticos teatrales de la época. Su adaptación al cine fue la opera prima de Mike Nichols y su entrada por la puerta grande como director. Una excepcional adaptación que mantiene la esencia, la intensidad y la tensión de la obra teatral. Numerosos son, en mi opinión, los aciertos del director, desde la elección del blanco y negro hasta el magnífico reparto, con un duelo interpretativo de esos que hoy en día son difíciles de ver. Elizabeth Taylor y Sandy Dennis ganaron el oscar a la mejor actriz y a la mejor actriz secundaria, pero para mí, los cuatro actores del reparto están soberbios.

Las Olas De Virginia Woolf


“Examinemos, por un instante, un cerebro normal en un día cualquiera. La mente percibe miríadas de impresiones triviales, fantásticas, ya efímeras, ya grabadas con la precisión del acero. Ellas surgen de todas partes, en un incesante espectáculo de innumerables átomos, y a medida que caen, a medida que adquieren forma en la vida del lunes o del martes, el acento cae diferente al de antaño; el momento de importancia ocurrió aquí y no allá; de modo que si el escritor fuera un hombre libre y no un esclavo, si pudiera escribir lo que desea y no lo que debe, si pudiera basar su obra en su propio sentimiento y no en convencionalismos, no habría trama, ni comedia, ni tragedia, ni interés amoroso, ni catástrofe en el estilo establecido. La vida no es una serie de lámparas dispuestas sistemáticamente; la vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos rodea desde el nacimiento de nuestra conciencia hasta el fin. ¿No es acaso la tarea del novelista coger este espíritu cambiante, desconocido, ilimitado, con todas sus aberraciones y complejidades y con la menor mezcla posible de los hechos exteriores y ajenos?”

“El tema propio de la novela no existe: todo constituye el tema propio de la novela”.


Virginia Woolf

Así es “Las Olas”, un libro que nos regala la capacidad de ver y sentir la realidad a través de sus personajes, donde la acción son las emociones, las sensaciones, las reflexiones…
Realidades individuales frente a esa abstracción llamada realidad.

Virginia era bipolar, Virginia llenó sus bolsillos de piedras y se arrojó al río, hechos.
Hechos que dicen infinitamente menos de ella que cada una de sus palabras en este libro, palabras que mecen nuestras emociones con la poesía del vaivén arrullador de las olas y nos sumergen en un mar de reflexiones con una prosa que golpea nuestro ser con la contundencia de las olas que rompen contra las rocas en un día de mar embravecido.
Porque Virginia es Rhoda, y es Jinny, y es Susana, y es Bernardo, y es Neville, y es Luis, es todos y no es ninguno...

Del amanecer al crepúsculo, toda una vida.

Siempre me han interesado más las realidades que la realidad en sí misma, supongo que es por eso que entre mis escritor@s favorit@s abundan más los recolectores de pensamientos y sentimientos que los contadores de historias.

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